La lucha contra el estigma

Autor: Juliano Santos, Psicólogo – Gestor de los Programas de Recuperación del Instituto Padre Haroldo

Fuente: Faces&Vozes. Da racuperaçâo no Brasil. Artículo original

En los días de hoy, algunos conceptos y prácticas que están siendo ampliamente discutidos, estudiados y revisados, pueden ser fácilmente confundidos con cuestiones de sentido común, conversaciones contradictorias y falta de vergüenza en la cara. Nuestra sociedad vive una polarización de las ideas y una aparente falta de límites, coerciones y ejemplos de corrección. Rápidamente la espada de las antiguas cruzadas, las hogueras santas y las batallas en nombre de alguien, son retomadas como un suero eficaz y una especie de curación de aquello que para el modelo vigente no funcionó, sea en el individuo, en el grupo o en el aspecto amplio de la macro sociedad.

El temporal mal funcionamiento del cerebro, de la psique y de las relaciones sociales después de años de uso de drogas, puede ser confundido con mala voluntad, falta de fe y defectos de carácter. Un espacio de acogida y tratamiento puede ser confundido con un lugar de penitencia, sacrificios y autoflagelamiento para la remisión de los pecados y de las profanaciones del alma. Los discursos antiguos y retrógrados pueden ser confundidos con autoridad y sabiduría.

Un buen enfoque para el tratamiento de una enfermedad debe poseer un buen proyecto terapéutico, tener apoyo de aquellos que forman parte del pensamiento estratégico y operacional, poseer buenos profesionales que conozcan el tema, tener una perspectiva clara de lo que es la enfermedad y ocuparse sobre las evidencias para construir el mejor modelo y método para la curación.

Esto sin duda aproximará el poder público, el financiamiento y traerá a lo largo de los años la posibilidad de que más personas de diferentes clases sociales puedan acceder gratuitamente a ese tratamiento. En el caso de los dependientes químicos eso ya ha ocurrido, sea por medio de lo que está o hasta ayer estaba previsto en la política nacional de drogas y en otras fuentes alternativas de tratamiento para la enfermedad.

Ya que estoy tocando en el asunto de la enfermedad, vale recordar que los dependientes químicos enfrenta diariamente una lucha contra el estigma, que los colocan en una situación dicotómica entre la enfermedad y la deficiencia moral. Esta es una lucha ardua y muy dura para quien lleva eso.

Les voy a dar el ejemplo de las personas que inicialmente sufrieron con el SIDA y que sufren hasta hoy. Al principio cuando esta enfermedad fue diagnosticada, la condición de esos pacientes era de prejuicio y un estigma muy fuerte de inmoralidad. El SIDA era apuntado como enfermedad de homosexuales, usuarios de drogas, pecadores, prostitutas y otros grupos.

Con el tiempo se percibió que no se trataba de eso, que no existe un grupo de riesgo y sí situaciones de riesgo, donde cualquier persona que decide no protegerse durante el acto sexual o compartiendo jeringas, estaría sujeta a contraer el virus. En ese caso la ciencia giró el juego, clasificó la enfermedad, descubrió el tratamiento y hoy después de mucha inversión, tenemos países como Brasil que es una referencia para el cuidado con esa enfermedad.

La dependencia química atraviesa un momento muy parecido a este y muchas personas y profesionales se preguntan cuál es el mejor enfoque de tratamiento. En el momento en que las cabezas pensantes necesitan unirse y levantar el mayor número de preguntas sobre el asunto, entonces sistematizar el pensamiento y producir gran cantidad de evidencias para definir y redefinir nuevas y viejas intervenciones.

Hoy en día, algunos espacios de tratamiento para la Dependencia Química, casi en solitario, presentan entre el 40 y el 50% de conclusión de sus proyectos terapéuticos individuales. Hasta un 35% de éxito después de un año de esa conclusión, algunos siguiendo la lógica de la abstinencia. Superando datos de muestras reportadas en la literatura mundial.

Esto se da por la evidencia de una construcción colectiva del pensamiento de diversos actores que trabajan juntos y que no actúan en ningún momento de forma autoritaria y unilateral, principalmente en las decisiones.

Sin embargo, desgraciadamente todavía no hablo de la mayoría, ciertos enfoques refuerzan el estigma, hieren los derechos de las personas y maltratan a aquellos que todo el tiempo deberían estar motivados a desarrollar su autonomía, auto-gestión, autocrítica y convertirse en protagonistas de sus vidas.

En esos espacios las personas deberían trabajar con empatía, autenticidad, conceptos concretos, calor humano y acogida fraterna. También deberían gestionar crisis, problemas de salud, problemas de relación, cuestiones familiares, crisis de abstinencia, fisuras, cuadros de psicosis tóxica, estados depresivos e insertar al individuo en una cultura masiva de recuperación, ayudando a todos a entender, principalmente, que algunas de ellas las cosas no se curan solamente con la oración y el trabajo.

 

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